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¡Acerca de Carlos!

Experto en conducta humana, neurociencia y productividad. Coach de cientos de directivos y miles de profesionales de organizaciones en 32 líneas de negocios. Consultor de Recursos Humanos con más de 20 años de experiencia, investigación y desarrollo de herramientas.

Está certificado como Coach SEI® por Six Seconds®, en Social Style Model por Tracom® y en Balance Scored Card por Palladium®.

Cuenta con dos Doctorados, uno en Recursos Humanos y otro en Educación, y Maestrías en Neurociencia y Gestión del Conocimiento. Ex Oficial de la Fuerza Aérea de Argentina.

Carlos Rossi

Presentado en

universidades

Certificados

Master RRHH
Six Seconds
Social Style
Balanced Scorecard
Perfil Criminológico

Biografía

Hijo único de Ana María Romero, cordobesa descendiente de inmigrantes españoles; y de Carlos Vicente Rossi, santafesino hijo de inmigrantes italianos y brasileros, ambos con grados incompletos de educación primaria. Hogar lleno de amor y con la consigna clara de valores y esfuerzo como garantías del éxito verdadero y no sólo del monetario. Tristemente el dinero escaseaba, por lo que juguetes no eran pedidos atendidos más que por el abuelo Miguel Rossi. Tanto atesoró esto, que los guardó hasta su adultez. Curioso desde niño, Carlos demostró interés en la electrónica pidiendo pilas, focos pequeños y cables para armar sus primeros circuitos de iluminación, se proponía poner en funcionamiento pequeños motores de cubos para armas. A sus 4 años ya le aburrían las clases tradicionales, pues no existían escuelas para “niños inquietos” demostrando así que su deseo por aprender trascendía el sistema típico de estudios.

Desde pequeño ya leía varios temas, demostró su interes en la multidisciplinariedad y su habilidad para relacionar conocimientos, y deslumbraba ya a sus padres con sus perspicacias, intrepidez y conclusiones a las que llegaba. Nunca le gustó la monotonía, era travieso con su mente y quería relacionarlo todo. A sus 18 años cuando una famosa estación espacial, SKYLAB (11 de julio del 1979), se precipitaba a tierra destruyéndose, escuchando en la radio la noticia, trató de estimar dónde impactarían los restos de la nave que caía: tomó su lápiz, escuadras y reglas; apoyado en la capacidad empírica innata que posee, trató de dibujar la trayectoria de la estación espacial, calcular la pérdida de altura y estimó que el lugar de impacto sería en el Océano Índico no siendo un solo punto sino en varios a lo largo de una franja, la noticia fue confirmada por la radio 3 horas después.

Al culminar la escuela secundaria como técnico en electrónica, su promedio era normal; sin embargo, en Matemáticas, Física y Química requirió ayuda adicional. En 1981 hizo su servicio militar en el GADA 601 de Camet, en Mar del Plata, Buenos Aires. Atraído por la vida militar, le fascinaba el poder manejar armas, aprender artes marciales y cumplir misiones “de esas de película”… Soñaba con ser un oficial de la fuerza aérea, por lo que decidió anotarse como candidato a cadete de la Escuela de Aviación Militar de Argentina, donde solo entraban el 10% de  aplicantes. Durante las noches Carlos estudiaba para aprender con mayor destreza aquello en lo que flaqueaba y que en la secundaria no pudo aprender. Para 1982, Carlos ingresa a la institución de la fuerza aérea; quería ser piloto, pero no podía, una limitación física le impedía, tenía menor visión en un ojo que en otro, por lo que continuó en el Escalafón General, especialidad Seguridad y Defensa.

Los 2 primeros años como cadete fueron duros. En 1982,  Argentina pasó por la guerra de las Islas Malvinas con Inglaterra, donde Carlos perdió compañeros del servicio militar, instructores de la Escuela de Aviación Militar y militares de otros institutos de formación; luego de estos años la virtud de la perseverancia hizo lo que la naturaleza no alcanza; había ya, adquirido un régimen de estudio que logró el ascenso por mérito al puesto de “Suboficial Auxiliar Cadete” de la 4ta Compañía del Cuerpo de Cadetes, de la Escuela de Aviación Militar. En 1984 fue entrenado por el GOE o Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea Argentina, en actividades comandos, como parte de su formación.

Durante los 4 años de estudio de su carrera de oficial, Carlos se destacaba por actividades que eran más intelectuales, que militares: elaboró las bases esquemáticas de un misil (utilizando sus conocimientos de electrónica y aerodinámica, adquiridos en la escuela de aviación) que podía transformarse en un tipo de avión fotográfico para reconocimiento de teatros de operaciones o zonas de guerra. Esto le valió un reconocimiento en formación por los oficiales instructores, además de presentar su idea al Ing. Graciano, miembro de la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba, Argentina, quien destacó la idea presentada como la primera hecha por un cadete que no era del escalafón de ingenieros. Fundó el “Grupo de Estudio de Aeronáutica, Astronáutica y Astrofísica”, cadetes que se dedicaban a estudiar las 3 áreas, guiados por el aquel entonces 1er Teniente Lianza, piloto de prueba de la fábrica militar de aviones, quien además era físico y estaba dentro de los oficiales que podrían aspirar a ser astronautas de la NASA.

Finalmente, Carlos realizó una actividad científica básica que llamó la atención de sus profesores de física y química: fabricó una especie de acumulador con 2 placas metálicas separadas por vidrio, y sostenía que al dejarlas al sol debía generar energía por sí sola. De hecho esto ocurrió, la energía era extremadamente baja, pero la hacía. Sus profesores quedaron atónitos; inquieto desde pequeño, pero ahora desafiaba a sus profesores en sus cuestionamientos con sus experimentos; que, aunque básicos, daban resultados. Por esto tan simple, fue que desarolló su frase tan célebre: “tus sueños no se negocian”.

Para 1985, egresó como Oficial de la Fuerza Aérea Argentina con el grado de Alférez Oficial Instructor. En 1986 Carlos fue referido, debido a su pasión por la ciencia, al Dr. Adolfo Portela, científico argentino  de relevancia mundial en el campo de la física y astronáutica; investigador superior del CONICET de Argentina, con quien trabajó como colaborador en la elaboración de los Manuales de Estándares de Radiaciones no ionizantes, ordenado por entidades internacionales y de salud. En este trabajo fue preparado en cálculos básicos de radiaciones biológicas y dispositivos láser.

Luego de años en la fuerza aérea, Carlos decide dejar la vida militar e ingresa a trabajar en XEROX ARGENTINA. Al estar preparado en tecnología láser comenzó su trayectoria como representante técnico de sistemas de impresión de alto volumen. Desempeñó este puesto hasta 1994, año en que fue becado por la empresa y la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Avellaneda, de Buenos Aires, para desarrollo el Proyecto COMPHUMANA (COMPutadora- HUMANA), de su autoría. Este proyecto desafiaba todo lo visto en simulaciones cerebrales hasta ese momento en el mundo. Carlos quería construir un cerebro artificial integral, es decir, reproducir el funcionamiento neuronal, campo de las redes neuronales artificiales, y también reproducir los correlatos de ciertos comportamientos, entre el nivel psicológico y el biológico.

Cuando se presentó en la universidad para explicar su proyecto, al principio nadie lo entendió, y le sugirieron aclarar más sus ideas sencillas, sus bosquejos, ya que no era especialista en los campos de la ciencia necesarios para llevarlo a cabo, por lo tanto, las juzgaban como ideas volátiles. A pesar de todo Carlos sabía, intuitivamente, que su proyecto funcionaría; característica típica de los disruptivos, poco comprendidos hoy en las universidades y organizaciones; pero considerados por algunos científicos, como el Lic. Bodnar, especisliata en físico-química e investigador del CONICET, como “Genio” o “loco enfocado”. Junto a este científico, Carlos fundó el Grupo de Neurosimulación Aplicada, dedicado al proyecto COMPHUMANA en el cual trabajarían por casi 8 años obteniendo logros reconocidos internacionalmente.

Lo extraño de todo esto, como se explicó, era que Carlos no tenía títulos universitarios hasta ese momento, sólo la carrera militar de oficial, que por aquellos años era equivalente a un nivel terciario; cosa que llamaba poderosamente la atención de los profesores y científicos de la universidad y del extranjero que lo conocían. Para poder comenzar el desarrollo de su proyecto, Carlos debía prepararse en varias ramas de la ciencia. Carlos procuró adquirir conocimientos variados porque su pasión era el saber integral. Así, solicitó al Jefe del Departamento de Ingeniería Química donde estaba alojado el Grupo de Neurosimulación Aplicada, el Sr. Ingeniero químico Hipólito Choren, que junto con el licenciado Bodnar le aprobaran ciertas preparaciones especiales que necesitaba para terminar de concretar el proyecto. Choren y Bodnar lo cuestionaron fuertemente argumentándole que le faltaban conocimientos para poder asistir a ese tipo de cursos, pero Carlos los convenció con su entusiasmo, claridad mental y pasión por la ciencia, y que accedieron a enviarlo a varios centros de investigación donde podría aprender lo que él consideraba importante para el proyecto. Asi fue que hizo varios cursos y tuvo conversatorios de: biología molecular con el Dr. Reisin en la UBA, inteligencia artificial, con el Dr. Dáquila, ITBA, psicología, con el Psicólogo Daniel Verde de la UBA, química de la memoria, con el Dr. Ivan Izquierdo y Jorge Medina. Además entrenamientos especiales en astronomía, cosmología, matemáticas avanzadas entre otros. Su intuición le decía que solo él entendía lo que significaba, como funcionaría su proyecto, lo cual, fue ratificado por el licenciado Bodnar quien le repetía priódicamente “no se donde vas pero tiene mucho sentido, yo te acompaño, vos decíme que te hace falta o que necesitás”.

Un día Carlos se levantó con la idea de escribirle al Dr. Marvin Minsky padre de la Inteligencia Artificial del MIT para comentarle el proyecto COMPHUMANA y saber su opinión al respecto. Sus mentores científicos se sorprendieron por la osadía de Carlos, pero al final, recibió una respuesta del Dr. Minky que lo dejaría atónito a él y a sus mentores. El reconocido científico lo felicitaba por el proyecto y le decía que sus propias teorías no eran lo suficientemente fuertes para algo de tal embergadura, que era extraordinario. Además, lo alentó a seguir en el desarrollo del proyecto; al leer este correo sus mentores, Choren y Bodnar, se dieron cuenta que Carlos estaba más del lado de un genio que de un loco enfocado; cuestión que aumentó la confianza en su dedicación.

Luego de 2 años de trabajo, Carlos había creado un modelo matemático para reproducir el acomodamiento psíquico de los pacientes a las psicoterapias, llamado Modelo de Evaluación y Descripción de Pacientes en Psicología Clínica y Psiquiatría, trabajo que se convertiría en la primera aproximación a un estándar de transferencia de información entre terapeutas.

Esta investigación tomó la forma de un softaware que fue desarrollado por el Licenciado y científico en informática del CONICET, Eduardo Hurrell, del Instituto Argentino de Radiostronomía, quien había montado el proyecto SETI, de búsqueda de inteligencia extratrrestre de la NASA, en Argentina. Cierto día, la serendípia pasó por el Grupo de Neurosimulación Aplicada e hizo de las suyas; estaba Carlos revisando los datos estadísticos del modelo de evaluación y descripción de pacientes, cuando se dio cuenta que la cuantificación de las variables del modelo comparada con la intuición de los terapeutas en lo referente a las mejoras observadas, variaban solamente en un 7%, lo sorprendente fue que este valor representaba la subjetividad humana en las evaluaciones de los especialistas, convirtiéndose así en el primer intento de ponderar la subjetividad.

Una mañana Carlos estaba trabajando en tratar de simular una red neuronal artificial que procesara emociones. Para esto él necesitaba crear una red de nodos (neuronas) que se conectaran entre sí y que pudieran contener la información que procesaban, es decir, que lo pasaran a otra red neuronal. Por aquella época, esto no era posible. En su afán de ganarle al obstáculo y poder crear el algoritmo que permitiera lo que buscaba, Carlos descubre un teorema matemático en el campo del Álgebra Analítica que explicada como podría funcionar una red neural de las características que se necesitaban.

Esto asombró a los mentores de Carlos, y en esa ocasión demostraba que sin ser matemático podía hacer un aporte en ese campo. Nuevamente la base de todo esto era la mentalidad flexible, o disruptiva que se pueda tener.

En 1997, Carlos estaba enfocado en crear una neurona artificial enlazando distintas computadoras que representaran las partes constitutivas de la célula nerviosa por excelencia.

Varios días trabajó haciendo maquetas hasta que la completó. En este punto, pidió que algunos expertos en distintas ciencias asesoraían para poder llevar el proyecto a la realidad. Entre estos asesores estaba el Dr. Neurólogo, Neurocirujano y Neurocientífico Juan Manuel Barbeito, asesor de la OMS por aquellos años. Cuando todo parecía favorecer el desarrollo del proyecto COMPHUMANA, una crisis financiera en la parte de investigación interrumpió su desarrollo. Cómo anécdota de esta parte del proyecto, podemos mencionar que en el año 2006, un grupo de neurociencia de Europa ganó el Premio Nobel por la creación de una neurona artificial, en gran parte parecida a la creada por Carlos, 9 años antes.

Sus mentores ahora lo veían con cierto nivel de futurización en sus pensamientos, lo que le permitía seguir diciendo que LOS SUEÑOS NO SE NEGOCIAN, solo hay que enfocarse y sentir pasión por cumplirlos.

En el año 2000, Carlos ingresa como coordinador a la empresa KUMON, una franquicia matemática dedicada a la enseñanza individual de este materia, su función principal sería abrir oficinas o centros de entrenamiento de KUMON en la Argentina. Carlos sentía curioridad sobre como el aprender matemática podía ayudar a niños con dislexia, o con parálisis cerebral, a mostrar cierta mejoría y a superar problemas de compresión y atención.

En el año 2002 Kumon organizó un congreso internacional de orientadores o facilitadores. En este congreso dio una conferencia por demás interesante el Dr. Ryuta Kawashima, neurocientífico japonés diseñador de los juegos educativos de NINTENDO, que estudiaba los efectos del método Kumon en el cerebro de los niños que lo practicaban, apoyado por UNESCO.

En el congreso el científico manifestó que los beneficios de aprender matemáticas generaban mejorías en áreas del lenguaje, aumento de la autoestima, capacidad de análisis y otras; que también era muy importante comenzar a trabajar en la neurociencia cognitiva de la Matemática; es decir, comprender como funcionaban los circuitos cerebrales que gestionaban los números y operaciones de esta asignatura.

Entre el año 2004 y 2005, Carlos decide descubrir otros horizontes de experiencias y comienza a trabajar con dos reconocidos consultores empresariales de Argentina, quienes al ver sus conocimientos de neurociencia de la conducta le proponen prepararse para dictar cursos empresariales. Paralelamente en el año 2005, le ofrecen a Carlos dictar módulos de un diplomado para una empresa multinacional de Ecuador; trabajó negociación, liderazgo y trabajo en equipo, que dominaba con gran profundidad desde su desempeño en la Fuerza Aérea Argentina.

Durante 3 años, desde el 2005 al 2007, trabajó para una reconocida consultora de Ecuador dictando cursos a demanda. Como consecuencia las organizaciones solicitaban sus servicios casi en con exclusividad de trabajo, preparándose constantemente hasta llegar a manejar 32 temas distintos relacionados a recursos humanos.

Llegado el año 2007, decide fundar su propia consultora REALMIND S.A.  Comenzó con sólo 5 clientes, quienes luego de los resultados, referían su trabajo a otras organizaciones, comenzando a adquirir mucha experiencia en las distintas problemáticas empresariales, cuestión que aplicaba y experimentaba en cada capacitación.

Entre el 2005 y 2014, Carlos iba avanzando en sus carreras específicamente en el ámbito de los recursos humanos, completó una Licenciatura en Tecnología Educativa en la Universidad Tecnologica, Facultad Regional Avellaneda, Buenos Aires; la Maestría en Recursos Humanos y Gestión del Conocimiento, en la Universidad Politécnica de Catalunya, España; una Maestría en Neurociencia, en la Universidad Pablo de Olavide, Doctorado en Recursos Humanos, en la Atlantic International University, EEUU; Doctorado en Educación, en la Atlantic International University, EEUU; y además hizo cursos especiales en MIT, Harvard University, Universidad de Palermo, en la empresa Palladium Consulting, con el TICAMER y el FBI.

Mientras trabajó en el Instituto Kumon, Carlos, becado por XEROX ARGENTINA comenzó a desarrollar una herramienta que fuera capaz de evaluar rápidamente a las personas con un alto nivel de precisión, pero sobre todo, que pudiera estimar los valores que regían el actuar de la persona; ya que éstos, son los que determinarán el resto de actos referentes a la productividad en la organización, algo notado por Carlos y que el resto de evaluaciones no medían. Fue así como en el 2007, nace la herramienta TNO (Tablero Numérico Observacional); con la capacidad de evaluar a una persona en un tiempo promedio de 8 minutos, y su precisión en evaluación holística estaba entre 95% y 100%. Permitía estimar perfiles de liderazgo, negociador, decisor, nivel de productividad individual, escalar de orden, escalar de precisión, estabilidad emocional y tendencia en valores personales.

Luego de realizar más de 2000 evaluaciones, entre ellas a 20 agentes secretos de 8 países del mundo que asistíen a un curso de TICAMER-FBI, Carlos se lanza a presentar la herramienta en el congreso NEXUS EQ, organizado por Six Seconds, EEUU, en la Escuela de Medicina de Harvard. Evaluó a personas de 19 países, que finalmente catalogaron la herramienta como inédita en la historia de la Psicología. Cómo todo creativo, Carlos había cumplido otro sueño: desarrollar una herramienta única y futurista; que 14 años después, a la actualidad, sigue sin ser igualada. Esta herramienta despertó el interés del público y así Carlos desarrolla la Certificación Internacional de TNO, que cuenta hoy con más de 100 profesionales certificados.

En el año 2009 Carlos estuvo en coma profundo por 6 días, además de haber sufrido un paro cardiorespiratorio de 1minuto y 30 segundos, debido a un shock anafiláctico. Este evento hizo que enfocara su vida hacia un propósito más profundo: ayudar a crecer en el SER a las personas.

Uno de los campos que más le emocionaba era el de ayudar a las personas a ser mejores, a convertirse en su mejor versión, pero se dio cuenta mediante la observación que el coaching no siempre funcionaba como herramienta estrictamente usada, por lo que empezó a inferir; decidió ponerse a trabajar para tratar de descubrir un nuevo enfoque más específico y con mayor fundamentación científica; para esto, tomó entrenamientos especiales con personajes como Daniel Goleman, Daniel Seagel, Joshua Freedman, y demás. Al cabo de 14 años desarrolla el Coaching Científico-Gestor Integral de Talento, una línea nueva que fue tésis doctoral de Carlos y que fue comprobada en su funcionamiento en 32 líneas de negocios distintos, aplicada también a equipos de futbol de primera división, con excelentes resultados. Otro sueño se vio cumplido con su segunda certificación internacional, que desde el 2020 hasta el 2021 dio luz a 45 coaches científicos, que a partir de ahora impactarán de forma distinta a las personas para ayudarlas en su desarrollo en el SER y en el SABER HACER.

No cabe duda que Carlos, desde siempre ha sido muy inquieto, creativo, pero además demostró con estas innovaciones, ser disruptivo y futurista. Por estas cualidades, la gente joven sigue a Carlos en las redes sociales, muchos de los cuales lo han tomado como mentor; y siendo de espíritu y mentalidad millennials, Carlos siempre los apoya en su crecimiento con sugerencias, consejos y entrenamientos. Hoy, después de 20 años es un referente en el campo de los recursos humanos y comparte sus conocimientos y proyectos a través de capacitaciones, conferencias, jornadas de motivación y procesos de coaching, siendo muy valorado en todos los niveles organizacionales.

Actualmente, Carlos se ha puesto a analizar qué podrá necesitar la humanidad en el futuro, luego de la pandemia. Leyó muchos artículos e informes de revistas especializadas como Harvard Business Review (HBR), habló con especialistas de diferentes países y comprendió, como lo explicaba un estudio de HBR, que los negocios en el futuro estarán fuertemente basados en la ciencia; por ende y sin sorpresa Carlos ha comenzado a estudiar la carrera de Licenciatura en Física con enfoque en Electrónica y Cuántica para, según su opinión, seguir aportándole a la humanidad en su bienestar.

Hoy, 2021, Carlos sigue inspirando a jóvenes y adultos, continúa creando innovaciones en varios campos de la ciencia; lo cual, asegura que la frase TUS SUEÑOS NO SE NEGOCIAN será siempre válida mientras tengas un propósito de vida y la pasión de ser trascendente.